Perdiendo el tiempo con pequeñas cosas
Que pueden acabar por salvarte la vida.
O todo lo contrario. Decía el viejo indecente que son las pequeñas cosas las que acaban por volver loco a un hombre. Y le tengo que dar la razón. Atarte los cordones de las botas, una toalla arruga en el cuarto de baño, ese mechero que no enciende, una radio sin pilas, y otras miles de pequeñas cosas, hacen que un hombre arroje la toalla y acabe encerrado en una habitación blanca, o asesinando a toda su familia, y de paso, a ese vecino que le cae tan gordo. Así que cuidaros muy mucho de las pequeñas cosas. Por lo menos de esas que os pueden llevar al homicidio. Las otras ya irán saliendo poco a poco, por eso no os tenéis que preocupar, sólo pasarlo bien un ratillo.
Estamos en Semana Santa y todo quisque está sacando los muñecos a la calle. ¡Qué bonito verlos a todos con sus disfraces del KKK, dándose golpes en el pecho y deslomándose cargando esos armatostes inmensos. ¡La virgen, cuanta devoción!. Se dejan literalmente los riñones debajo de su muñequito favorito. Es para echar lagrimitas de emoción al ver con que pasión viven su Semana Santa. Me quito el sombrero delante de esos cachas de la devoción al muñeco. ¡Y la pena que dan cuando llueve y no pueden sacar a su monigote a darse un voltio por la ciudad!. Todo el año esperando ese día y se les jode el festival. Claro, si se les moja, lo mismo se deshace, que esas vírgenes y cristos tienen más años que el sol y está el cartón bastante pasao. Hay que tener cuidao con esas cosas, que valen muchas perricas. Ellos mismos, que se lo pásen lo mejor que puedan, pero que no den demasiado el coñazo. ¡Por favor!.
Bueno, por esta noche ya está bien de hacerse el gracioso. Sed lo más malos posible y no sigáis demasiado a raja tabla mis consejos. Sólo un poquillo.
Buenas noches mundo que rezas en secreto.